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Separadores de escena: asteriscos, filetes y espacio en blanco

Por Tracy Atkins, fundadora de BookDesigner.ai y BookDesignTemplates.com · Más de 15 años de archivos de imprenta, más de 70.000 autores · Actualizado el 12 de agosto de 2026

La respuesta corta: Un salto de escena necesita un ornamento visible —un asterisco, tres asteriscos o un filete corto— cada vez que exista la posibilidad de que caiga a final de página, porque ahí el simple espacio en blanco desaparece y el lector no percibe el corte. Si tu libro es corto o revisas cada salto a mano, el blanco solo puede bastar; en cualquier otro caso, el ornamento es la opción segura.

Es uno de esos detalles que casi nadie nota cuando está bien hecho y que todos notan cuando falla: el lector pasa la página, la escena parece continuar sin aviso, y tarda un párrafo entero en darse cuenta de que en realidad ha cambiado el tiempo, el lugar o quién está mirando. Vale la pena resolverlo antes de maquetar, no después.

Qué es exactamente un salto de escena

Un salto de escena marca una discontinuidad dentro de un mismo capítulo: pasa el tiempo, cambia el lugar, o cambia el punto de vista, pero la historia no da para abrir un capítulo nuevo. Es distinto de un cambio de capítulo, que ya trae su propia señal —normalmente un título y, en muchos libros, el hábito de empezar cada capítulo en página impar (recto). El separador de escena resuelve el corte más pequeño, el que ocurre en mitad del flujo de la historia.

El problema real: la página no siempre coopera

Si tu manuscrito marca los saltos de escena solo con una línea en blanco de más, funciona perfecto mientras ese salto quede en mitad de una página. El problema aparece cuando, tras maquetar el libro en su tamaño final, ese mismo salto cae justo al pie de una página: la línea en blanco «se cae» del final de la hoja, el lector da vuelta a la página y el texto siguiente arranca arriba de todo como si la escena continuara. No hay error tipográfico visible —solo confusión de lectura, que es peor porque nadie sabe qué salió mal.

Las tres soluciones habituales

Ninguna de las tres es «la correcta» en términos absolutos; son convenciones de estilo, y la que importa es la que mantengas constante en todo tu libro.

También existen variantes con un pequeño glifo decorativo (una flor tipográfica, un símbolo propio de la colección), pero conviene usarlas con moderación: cuanto más discreto el ornamento, menos compite con la prosa.

¿Y si prefiero solo el espacio en blanco?

Es una opción legítima, sobre todo en libros donde los saltos de escena son escasos y el autor o el maquetador revisa cada uno a mano tras la paginación final, ajustando manualmente los que caen mal. El riesgo crece con la longitud del libro: cuantos más saltos de escena tengas, más probable es que alguno caiga justo al final de una página en algún momento del proceso —y cada corrección posterior del texto puede volver a mover esa línea. Por eso, salvo que tengas un motivo estilístico fuerte para el blanco puro, el ornamento visible es la opción que no depende de dónde termine cayendo la página.

Consistencia antes que originalidad

Elige un solo estilo de separador para todo el libro. Mezclar asterisco simple en un capítulo y tres asteriscos en otro, o alternar entre filete y blanco según el capítulo, se lee como inconsistencia de producción, no como variación intencional. Si tu libro tiene una sección con un formato distinto —por ejemplo, cartas o fragmentos de diario intercalados— ese es un caso distinto al salto de escena ordinario, y conviene señalarlo con un recurso propio, no con el mismo ornamento que usas para las pausas normales.

Conviene también decidir el espaciado alrededor del separador con la misma constancia con la que decides los márgenes o el medianil del libro: mismo espacio antes, mismo espacio después, en cada aparición, del primer capítulo al último.

Dónde encaja esto en el resto de la maquetación

Los separadores de escena conviven con otras decisiones tipográficas del interior: el tamaño de cuerpo de texto, el interlineado, los márgenes y el medianil, y el tratamiento de los diálogos con la raya. Ninguna de estas decisiones se toma de forma aislada —todas forman parte del mismo sistema visual del libro, y por eso conviene fijarlas antes de maquetar el manuscrito completo, no capítulo por capítulo.

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Fuente: convenciones de maquetación de ficción observadas de forma constante en la práctica editorial, sin cifras que verificar. Relacionadas: Uso de la raya en los diálogos · Tipografía para libros · Márgenes, medianil y sangrado · Todas las guías